Análisis

Horror en las profundidades

¿Qué es un pozo sino una de las materializaciones naturales de la zozobra? El personaje del cortometraje, quien simplemente despierta en lo que pareciera ser el temible fondo de un aljibe impreciso, lo intuye, lo sabe. Tal vez, no sienta la opresión del Báratro de los helenos, pero sí la angustia de haber caído, de estar sujeto a una fuerza que lo excede y condena. Triste certeza que lo ubica (al igual que a nosotros, espectadores)  en los preliminares del caos.

En el reel del mensaje de Pozo (dialéctica del sentido), lo que al principio comprendamos, puede cambiar. Tal vez el realismo descarnado, golpee las puertas del corazón para expresar que la libertad como derecho, administrada por la sociedad super yoica, no sólo NO alcanza, sino que es ajena a la justicia. El perdón es un don; no una imposición mentada.

La epifanía de lo dantesco va más allá del encierro; ¿Pueda ser que el silencio de terceros (imprecisas sombras), griten más que Jorge Cabrera, el actor que, con denuedo y precisión, materializa el guion escrito por Luis Sánchez-Polack? Es probable, porque la tensión es sobrehumana, claramente lo inconcebible del encierro es capitalizado por el desconocimiento. Lo que ignoramos, es que la empatía, en cualquiera de sus formas, fácilmente puede cambiar de carril.

Sin dudas esta ficción no necesita de diálogos (por lo menos no los convencionales), para llegar al cenit de las revelaciones. Es excelente.

Con una fotografía de primer nivel (el manejo de los claroscuros es dificilísimo), Pozo contribuye a clarificar no solo una atmósfera trepidante, sino a abrir debate sobre conceptos ontológicos básicos los que, aunque los estamentos estancos del pensamiento clásico lo nieguen, necesitan revisión.

Es un imperdible descenso al Hades, que lo debemos a la oportuna producción de Raúl Cerezo, Helión Grande y a la contundente dirección de Diego Puertas.

Merece un largometraje.

 

Fernando Quiroga

Argentina, octubre de 2020

 

"Pozo" es el nombre del laureado cortometraje que reabre , en tan solo diez minutos, la eterna discusión de la factibilidad del sistema tal como lo conocemos; nuestro compromiso frente al planteo, y la visceralidad de la naturaleza humana.

Fernando Quiroga

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