Congénita es, en principio, un cortometraje de estética costumbrista que, en un derrotero fatal, cambia su naturaleza hacia un incómodo relato de tenor impredecible, narrado con maestría.
Roberto (inmejorablemente interpretado por Pedro Casablanc) es, con prestancia, un consumado hombre de negocios. Mientras camina, por unos terrenos recientemente adquiridos, hablando por teléfono junto a su hija Sandra, sufre una distracción que desvía su atención de la niña. De repente, la pequeña ya no está. De allí en adelante, se desarrolla una trama tensa y opresiva que inquieta sin remedio, tanto a nosotros, ávidos e incautos espectadores, como a los actores que, desde ambos lados de una ficción (que por momentos ahoga), sufren por las ocultas certidumbres de sendos caminos divergentes.
Con alma de óptimo thriller, diré que el filme de Polo Menárguez logra expresar más que claramente, el reel comunicacional establecido. Sobre lo que quiere decir, y el cómo lo lleva adelante, se arroga, sin dudas, un logro inobjetable. Tal vez se puedan discutir detalles; porque siempre la subjetividad abre portales inusitados, pero, de todas formas, déjenme decirles que Congénita brilla por ser una realización policromática que recauda aplausos en cada una de sus faces; ya sea desde lo técnico (sobre todo por lo interesante de la puesta en escena), como por el espíritu de denuncia social que imprime con creces.
Tal vez, y más allá de cada frente de percepción, este filme producido por Eye Slice Pictures y Una Décima de Segundo Producciones (sobre una idea original de Raúl Cerezo), no sea otra cosa que una profunda y desgarradora historia de amor, pero de triste y desmesurada certeza salomónica. Todo no se puede, y lo que termina importando, ipso facto, es el bien que decidimos abrazar.
El querido Fito Páez había sentenciado una vez que “el amor es la mayor fuerza que existe sobre la tierra, en el tiempo, por el tiempo y contra el tiempo”, y nadie tendrá mayor autoridad para expresarlo que una madre (no pienso spoilear). Solo diré que, aún frente al desgarro del alma, lo correcto, lo que el corazón le dictará, se imprimirá por encima de cualquier interés o cualquier principio de justicia.
Congénita, es esa poesía agridulce que desgrana el amor ante una fatalidad inesperada.
La banda de sonido de Luis Hernaiz acompaña y complementa los momentos irrepetibles de este cortometraje, sobre todo en el desenlace: sublime postal, parida a partir de descascarar una angustia irremediable.
Altamente recomendable.
Fernando Quiroga
Argentina, octubre de 2020
La idea de Raúl Cerezo que reabre debates sociales, y favorece la irrupción de nuevas perspectivas cinematográficas en cuanto a las formas y los lenguajes establecidos.
Fernando Quiroga