Editoriales

Memorias de un fuego circular

Apuntes sobre "Ocho", el cortometraje de Raúl Cerezo que es, definitivamente, un infinito y certero infierno.

En una casa cualquiera, con gente bastante particular, pero no tan alejada de nosotros; un niño se dispone a recibir sus ocho años. En apariencia todo está bien, el festejo, la torta, los invitados, la gestualidad que comienza a ralentizarse en el aire, todo indicando que no todo es como parece ser.

De repente el elemento fantástico; un aparente sortilegio, una extraña determinación que parece, desde la más llana naturalidad, invocar fuerzas incontenibles.

Así comienza Ocho, el cortometraje soñado y dirigido por Raúl Cerezo hace ya nueve años, parte de una obligada y legendaria agenda europea a la hora de invocar grandes producciones de género.

El terror que el director formula (que amasa y luego, cuece en un caldero a persistente fuego lento) es pródigo en el ejercicio de la sutileza, de la mano de un arquetípico silencio jamás forzado, natural e inmanente en las atmósferas opresivas de cada locación del filme.

La narrativa Polanskyana prevalece tanto, en la intención de un sortilegio mal habido como en la fallida introyección del Diablo. La música como hilo conductor es sublime. Si no supiera que el talento de Cerezo trazó cada línea de este trabajo, juraría que el mismo David Seltzer las llevó al papel.

Acuciante como pocas tramas, el nudo está en el animus de ritual, en la exacerbación del anatema sobre la cotidianidad. Con elementos propios de una extraña iniciación, un claro discurso sobre la semiótica del mal, “Ocho” es, al igual que su lenguaje y estética, una experiencia sin par, un homenaje y la vez un cruento testimonio sobre cierta mecánica siniestra que muchas veces golpea las puertas de nuestras almas, y que terminamos vedándola, por considerarla sólo una expresión ficticia.

Tal vez descreyendo de ciertos layers de la revelación onírica, Raúl Cerezo sólo sienta (con razón) que “Ocho” es un cortometraje impecable, del cual sentirse orgulloso. Aunque esto sea verdad, además de la excelencia que proyecta, es sólo una parte del manifiesto de lo que realmente convoca.

Hay miles de otras fuerzas que también parecen sentirse seducidas por el espíritu de este trabajo.

¿Alcanzarán a conspirar, después de algunos años, para que se transforme en un largometraje?

Estamos todos invitados a encender las velas.

 

Fernando Quiroga

Argentina, noviembre de 2020

Apuntes sobre "Ocho", el cortometraje de Raúl Cerezo que es, definitivamente, un infinito y certero infierno.

Fernando Quiroga

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