Consideraciones sobre "Luz", la opera prima cinematográfica de Juan Diego Escobar Alzate, protagonizada por Yuri Vargas.
Luz es un formidable relato cinematográfico que, recordando su origen colombiano, nos lleva inevitablemente a preguntarnos si algo del realismo mágico vive en él. La respuesta no solo es afirmativa, sino sentenciosa; lo expresa y lo incrementa: la realidad y lo onírico interactúan desdibujando sus límites.
En esta tira, el cine de autor, tal vez en una exacerbada visión intimista, abraza opresiones religiosas extremas, conviviendo con un deliberado expresionismo que no satura, por el contrario, se complace en entumecernos con dosis de belleza y colorimetría experta, la que como bien solemos expresar los argentinos, lleva un puñal bajo del poncho.
Imaginando tal vez desde el inicio un final dantesco, en la obra de Juan Diego Escobar Alzate, el guion y la fotografía poseen una musicalidad que operan como un canto de sirena: cuando queremos acordarnos, estamos sumergidos en la más profunda de las fauces de la inquietud frente a un final inminente.
Una solitaria comunidad en la vastedad de las tierras colombianas, es liderada por un extremista autodenominado El Señor, quien vive con sus tres hijas y practica una peligrosa y descarnada moral que justifica en sus convicciones psicópatas: cada tanto tiempo, encadena un joven en su propiedad bajo la convicción de que éste encarna al Mesías, y que, al privarlo de la libertad, garantiza el bien para su comunidad.
El horror primario, rural, ese que nace desde lo consuetudinario, del más acá latente, se nutre de un pensamiento religioso y fatal, predecible para nosotros como público, pero no para sus incautos feligreses resignados. Aquí, el director marca claramente que la verticalidad coexiste únicamente con los miedos primarios de ese universo de carencias, no con la cuarta pared, pero touché para los espectadores; al dejarlo claro, también nos enrostra planteos morales sobre lo más profundo de nuestras creencias, más allá de los procesos sociales evolutivos, sobre nuestro compromiso frente al universo espiritual.
Es interesante resaltar la confusión dialéctica que supone que al padre y líder religioso de la comunidad se lo conozca como El Señor. Este eximio recurso para enredar, cristaliza tanto la visión distorsionada de la divinidad, como también la sumisión patriarcal de las hijas para con el hombre; imprecisiones que reafirman la atmósfera de confusión, incomodidad y una trastocada y perversa visión del dogma. Asimismo, que la mujer fallecida, la esposa de El Señor se llame Luz, es un juego que claramente expresa que, a partir de su partida, ya nada ilumina el camino de las vidas de los personajes.
Con una narrativa impactante, Luz abre la discusión sobre tópicos simples y abiertos, como el papel de dios y el diablo en el panteón de nuestra herencia latinoamericana, el amor en su concepción ontológica, la feminidad, y el rol de la mujer latina frente a la libertad.
Las actuaciones de Conrado Osorio, Jim Muñoz, Sharon Guzman y Andrea Esquivel, son memorables; la ruralidad mística latinoamericana converge en sus formas de manera excepcional. Atizan fuegos atemporales sobre nuestra concepción del mundo, la naturaleza y el tiempo.
La sensualidad de Yuri Vargas es tan auténtica y poderosa, que no necesita de la exposición de su ya consabida belleza para expresarla. El dramatismo manifestado en ciertos puntos de giro de la realización, la confirman como una actriz de primer nivel, criteriosa, versátil y dueña de sus matices. Es única, y converge como eje impensado de una trama que la entroniza.
En mi opinión, Juan Diego Escobar Alzate, logró una ópera prima de primer nivel, más que digna y aplaudible; seguramente estarán quienes interpreten cierta sobrecarga y barroquismo en algunas reiteraciones, tanto de conceptos como de imágenes que los reafirman. Quizás, deberían recordar que la musicalidad en la poesía, se consolida de la misma forma y es aplaudida por todos.
La película es formidable, para paladares consolidados o buscadores de calidad. Vale la pena disfrutarla; alumbra con su luz, a la escena cinematográfica de autor, en este epifánico sur del mundo.
Fernando Quiroga
Argentina, Noviembre de 2020
Consideraciones sobre "Luz", la opera prima cinematográfica de Juan Diego Escobar Alzate, protagonizada por Yuri Vargas.
Fernando Quiroga